Una Lewinsky en este mundillo…

A mí me gusta echarme unos vicios de vez en cuando, claro. Me pillé la Xbox360 poco más o menos cuando salió (soy un ansioso) y me compro un juego cuando mi contable personal me hace saber que puedo permitírmelo. Esto es, una vez cada mil años. Y ahora, de repente, sin comerlo ni beberlo, me encuentro currando como becario crítico de videojuegos. Mis amigos flipan, me envidian. Se equivocan, claro. Ellos creen que lo que hago es viciarme y luego escribo sobre ello. Bua, eso estaría estupendo. Como estupendo sería tener al alcance de mi mano la PS3, la Wii, la NDS,… hasta la Game Boy Advance si me apuran. Pero no es el caso. Sólo tengo la 360 y encima soy becario, cual Lewinsky. ¿Qué quiere decir esto? Que en cuanto llega un juego de la 360 para que lo probemos y escribamos sobre él, mi jefe, que también tiene la 360 (y la Wii, y la PSP, y la NDS,…), arrampla con él y yo no veo ni la carátula. Bueno, eso no siempre es así. Si el juego promete ser peor que pegarle a un padre con un calcetín sudado, entonces me lo pasa a mí. No para viciarme y escribir sobre él, no, qué va. Sólo para quitárselo de en medio y que no le ocupe sitio. Soy como el trastero.

Y ahora es cuando aclaro, para que no me echen y para que mi jefe siga mirándome bien, que me gusta este trabajo. Aunque no me vicie horas y horas y encima me paguen por ello. Escribo, lo cual me encanta, y de vez en cuando, muy de vez en cuando, pruebo algún juego que aún no ha salido en este país. La mayor parte de las veces, investigo en la web sobre algún juego que me llame la atención y entonces escribo sobré él. Sobre lo que me ha parecido, sobre lo que promete ser, sobre cuándo llegará a España. Busco las mejores fotos del juego, si eso algún video, y me curro un buen avance. ¿Jugar? No es necesario (maldita sea).

Esta es la vida de un becario crítico de videojuegos. Acaba de empezar, ya veremos dónde llego. Éste es un mundo que se está desarrollando ahora mismo, que no sabemos hasta dónde llegará (de momento, la facturación anual de videojuegos ya supera con creces la del mercado del cine), y del que quiero empaparme bien. Al fin y al cabo, yo tengo la Xbox360. Al fin y al cabo, soy un auténtico viciado, para desgracia de mi padre, que es de los que creen que un videojuego es sinónimo a perdida de tiempo. Estos cincuentones…

Soy un becario precario (eso es redundante, lo sé, pero suena tan bien… ¿será casual la rima?), no juego en demasia, y aun así no me quejo. Por algo será.

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