Tratar cabello

Llevo muchos meses en la misma obra y eso tiene grandes ventajas. Una de ellas es que tienes tiempo de escoger un sitio para comer ya que puedes ir probando entre varios. Hay veces que sólo tenemos Tratar cabello de apenas una semana y acabas comiendo en el bar que más cerca tengas, esté como esté. Pero, como decía, esta obra en la que estoy ahora es de las largas y el lugar donde comemos ya viene a ser como nuestra segunda casa. Pensándolo bien, a la hora de comer es la primera: cinco comidas por semana.

http://tratamientosparaelcabello.in/


Y lo mismo que ese bar es nuestra segunda casa, aquellos que lo atienden también empiezan a ocupar un rinconcito entre la familia de cada uno de los que allí comemos.
En este bar normalmente están trabajando a la hora de comer tres personas. Por mantener una jerarquía hablaré por orden de edad.
En la cocina, entre pucheros y sartenes, sortea llamaradas con el único escudo de un delantal una mujer de más de 70 años. Hace no demasiado los cumplió y, no contenta con darnos de comer, dejó orden en la barra que en un día tan especial no nos cobrasen los cafés. Para que después gente como yo no seamos capaces de recordar si eran 72 o 73. Lo siento, estaba más pendiente de saborear tu tarta de coco, que sabes que es mi favorita. A esta mujer sólo le puedo reprochar una cosa, que a absolutamente todos los segundos platos les pone patatas fritas. No, no vale decir ahora que tengo la opción de dejarlas, no puedo,… pero tampoco se te ocurra dejar de ponerlas.
Luego está la “jefa”. No leerá esto pero sería capaz de enfadarse conmigo si me oye llamarla así. Al menos cara al público parece y se trata con los demás como otra compañera. No sé si será así el resto de las horas que se pasa tras la barra, pero entre la 1 y las 2 el único detalle que hace ver que es ella quien manda es cuando en alguna mesa como la nuestra se detiene unos segundos más para hacer algunos comentarios aparte de la comida, eso sí, todos agradables y demostrando buen humor. Su labor está en cada rincón del bar pero normalmente, a esas horas, se ocupa de servir platos entre las mesas. Admiro su orgullo a la hora de vestir como lo hace, mientras hace equilibrios entre mesas de obreros, teniendo en cuenta que muchas veces no sabemos medir entre un comentario agradable y una grosería. Sin cremas, liftings, ni ropas caras demuestra cada día que se mantiene joven por dentro y por fuera.
Por último está Itzi, la más joven. Ella es empleada y no está allí todo el día, pero las horas que esta mujer trabaja rinden en un día más que lo que hacen durante un año aquellas que suelen salir en portadas de revistas con reportajes que suelen titular:” Fulana (qué bien viene esta palabra para lo que quiero decir) disfruta en Marbella de unas merecidas vacaciones.”
Esta mujer es un terremoto, es capaz de estar sirviendo las mesas, poner los cafés y copas y cobrar todo a la vez. Además de esto puede mantener varias conversaciones si sabes amoldar tu comentario al momento en que pasa a tu lado con tres platos de macarrones o una bandeja de cafés en una mano y la caja de Farias en la otra.

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