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Con Manolo y el Entrenador trabajando la cosa quedaba entre Aranya y yo, como en los viejos tiempos. La primera idea fue ir a una rave pero nos echo para atras el dinero que nos ibamos a gastar llamando al telefono secreto. En internet Aranya encontro algo, un garito en King’s Cross llamado The Key donde ponian la fiesta “Deep Down and Dirty”, profundo, sucio y abajo, justo lo que estabamos buscando.

Llegar al sitio nos costo un poco. Nos metimos no se como por un poligono industrial, saltando vallas y cruzando zonas en obras. Finalmente llegamos al The Key (un 6 en la Guia Fiesterin). Ahi comenzo la odisea: habia que conseguir material en un sitio sin ni un solo dealer y con los de seguridad controlandolo todo. Aranya entro a cagar y el segureta se subio al vater de al lado para ver que hacia, casi tengo que decirle que soy del gremio. Me molo la frase que me dijo Aranya: “tomate un Red Bull que tu trabajas y te lo puedes permitir”. Casi al final conseguimos nuestro objetivo, la ultima hora fuimos a muerte pero cuando mejor nos lo Peliculas Online nos Peliculas Online. Eran las 6 y Aranya tuvo una gran idea: ir a Brixton a un after.

Con la Victoria line fuera de servicio en el metro se nos jorobaba el plan. Alguien debio de decirnos que alli cerca habia otro after, The Egg, y de cabeza nos lanzamos. Al The Egg le voy a dar 7 fiesterines porque habia demasiados gays y como ocurrio en The Key la penya era demasiado fashion y sofisticada para mi gusto.

Tuve una pequenya bajada de tension y taquicardia que me hizo sentarme un rato. Fue entonces cuando tuve una revelacion. Toda aquella gente bailando sin apenas interaccionar unos con otros, la tia con el tipico chupete para no cargar mucho la mandibula, los que miraban a todas partes buscando dealers… me hizo preguntarme: la juventud del nuevo siglo… es esto? Y yo? Soy uno mas? Soy como todos vosotros? De nuevo me acorde de “Trainspotting”, cuando en el club Renton dice aquello de que “dentro de cien anyos no habra tios ni tias, solo gilipollas”. Mirabas a tu alrededor y solo veias los diferentes estados del colocon: los que bailan, como dice Manolo, “con los faros puestos”; los que van a tope; los que ya estan tiraos en un rincon; los que ya ni se enteran de lo que hacen y tiran la cartera al suelo. Pense que no queria ser uno de ellos nunca mas, pero que valia la pena hacer un ultimo esfuerzo y morir bailando.

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