Jardines

Y me horrorizo, añoro esas aventuras, conservo mi pañuelo en espera de anudarlo a la punta de una lanza del caballero que se batirá por mi, luciendo los colores de su dama, sueño con jinetes, brillantes armaduras, con rocines, con posadas, con paseos por tranquilas abadías, con lecturas sosegadas a la sombra de un manzano, con baños a escondidas en un río de agua fresca, con torres de castillos, con arpas, con verdes valles, con grandes pieles sobre el suelo, junto a enormes chimeneas, con banquetes de multitudes, malabaristas, trovadores, miradas cómplices, camas altísimas con dosel, encuentros a escondidas de amantes en las capillas, profundo rojo en las paredes, flores de lis, mesas redondas, reyes, reinas, príncipes y Jardines…

“Entonces Ginebra le impuso a Sir Gawain la empresa de defender a todas las damas y honrarlas mientras viviera.

Y además le ordenó que siempre ejerciera la cortesía y otorgara clemencia cuando se lo pidiesen.
Y sir Gawain juró por los cuatro Evangelistas que cumpliría con esos requerimientos…”

JONH STEINBECK

Le pedí que nos (me) contara un cuento. Y acudió raudo a cumplir mis deseos. Y así empezaba el Hidalgo a hablar sobre Caballeros:

“Los tiempos, como tu has muy bien descrito, no son ya lo que eran.
Los caballeros son solo aquellos que intentan vivir una vida con un proyecto de honestidad hacia si mismos y hacia los demás. Ahhh, Señora mía, entelequias de la razón perdida.

Aquel que no intenta arañar beneficios menores, calderilla de miseria, de cada una de las circunstancias que la vida te presenta, esta abocado al fracaso

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