Imágenes de cristo jesús

Él se sentó en el suelo. Su cabeza a la altura de la de ella. La besó, acercandose con los ojos abiertos y una gran sonrisa de complicidad.
La miró a los ojos y posó la mano entres sus rodillas haciendo que ella las separara suavemente a modo de ofrecimiento, era una invitación. La mano inició un lento y estudiado ascenso y desapareció bajo su falda, notaba la firmeza de sus muslos definidos por largas horas de ejercicio, ella se inclinó mostrando un escote Imagenes de jesus…

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Cerró los ojos. Ella estaba concentrandose en esa mano que había alcanzado el repliegue de la ingle. Espero no estar demasiado mojada, pensó. O que al menos no se note demasiado…
La boca también reclamaba su atención. El beso bulboso y humedo reproducía y multiplicaba la sensación del roce de su mano, ahí abajo…

La boca se apartó de sus labios y buscó el cuenco de la nuca. Expiró, para poder disfrutar mas intensamente el placer, y giró su cuerpo para que el escote y el pecho quedaran accesibles. Se aproximó mas a él para que sus alientos formaran un espacio de intimidad, le besó, dejó caer su brazo derecho fuera del sofá… sin perder el contacto de sus labios, con una habilidad estudiada, le desabrochó el pantalón y su mano comenzó a buscar su presa…
el abrió cuidadosamente la camisa, mientras sus labios iban recorriendo cada centímetro de piel que quedaba expuesto, un pezón asomaba por el encaje del sujetador, tratando de escapar exponiéndose a su boca, deseando ser saboreado
La más que notable excitacion de él aumentaba en su habilidosa mano……….
un gemido escapó cuando los labios apresaron ese pezón rosado, dio con el cierre del sujetador, ella eligió un modelo cuya apertura estaba delante, entre las copas
Eso le facilitó mucho las cosas, el era habil, ’doctorado en lencería’ supo abrilo a la primera dejando en libertad dos pechos grandes y firmes, de piel tersa y suave
Él habia dejado desabrochado el boton delantero de sus boxer, para facilitar el acceso. Ella se habia quitado las medias en el rato que habia preparado el café, para facilitar el acceso.
Los dos se echaron una sonrisa de connivencia, por la inteligencia de estos detalles.
La mano de ella agarraba ya un glande terso y jugoso, el dedo gordo acariciaba lentamente la membrana del prepucio. Él, habia retirado la tela y su elastico del borde de la ingle, y su dedo buscaba camino en el vello ensortijado de su monte de venus. Los pliegues humedos de sus labios se iban abriendo a medida que el dedo los recorria en longitud.

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