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La profesora acabó rápido la lección, y nos pidió que sacáramos el cuaderno para hacer un ejercicio. “Ahora vais a construir cinco frases con las palabras que hayáis comprendido. Cuando acabéis dejadlos sobre la mesa para que los corrija. Todos los que saquen un seis o más no tendrán dificultad alguna para aprender inglés. Los que tengan una nota más baja, con mucho esfuerzo podrán ir aprobando, pero nunca conseguirán expresarse correctamente”. El pánico se apoderó de mí, apenas había conseguido entender un par de palabras. Saqué el cuaderno, he hice el ejercicio como Comprar sofas online.

Al regresar del recreo el cuaderno estaba sobre mi mesa. Click aqui: 2.

En aquel momento mis oídos dejaron de percibir ruido alguno, me quedé paralizado, mis ojos no podían apartarse de aquel número; al mismo tiempo, noté una sensación que ya había experimentado otras veces, de desilusión, de barrera infranqueable ante la cual lo único que podía hacer era aceptarla y resignarme. Otra puerta que me daba de bruces en la cara. Como cuando mis padres me prohibieron salir a jugar con mis amigos para siempre, o cuando por el menor indicio de rebeldía por mi parte, todos mis juguetes desaparecían durante semanas. Una vez más, yo no podía hacer nada.

Pasaron los años, y también los cursos, y al lado del insuficiente de matemáticas y de ciencias naturales, y alguno que otro más, estaba siempre el insuficiente de inglés.

Al comenzar 2º de Bachillerato teníamos la clase de inglés a las 8 de la mañana, dos veces por semana. Con la mente todavía espesa por el sueño, una señora bajita morena y con el pelo corto trataba de despertarnos intentando que imaginásemos las conversaciones de las escenas dibujadas en libro de texto. A medida que avanzaban las semanas del curso y conseguía acostumbrarse a aquel horario, comencé a notar que la profesora, cada día que entraba en clase llevaba algún detalle diferente en su ropa que no había repetido nunca en las semanas anteriores. Cada clase, cada semana, llevaba puesto algo diferente, algo nuevo, o algo muy antiguo, un jersey, una falda, unos pendientes, o un collar; algo que nunca antes habíamos visto. Me sorprendía aquella forma de ser y de mostrarse, como diciendo: “miradme, porque hoy voy distinta de ayer, y el próximo día también cambiaré…”

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