Catalogos andrea | Mirlos

merles

Durante algunos años, mientras viví en La Inocencia, cada atardecer desde mi terraza oía el canto de un mirlo. Era siempre el mismo. Llegaba del Sur al caer el sol y se posaba en la antena que había justo encima de mi cuarto. Y cantaba. Me cantaba. Sentada entre mis papiros y mis cactus, yo me dejaba enamorar. Me fuí y le abandoné. Creí que sabría encontrarme, pero no debí dejarle suficientes datos porque nunca más he vuelto a verle. Sin embargo, nunca he olvidado que mi pájaro es el mirlo y que si no era él, otros irían apareciendo.

Con el pico más amarillo que jamás he visto, lo ví por primera vez el día de laoperación de mi padre. Apareció de golpe en la entrada ajardinada de la clínica, nos presentamos y me endulzó la espera. Las tardes que siguieron, me esperó a la misma hora bajo la sombra del olivo. Tras mi cigarrillo y su canto,  llenaba el pico de lombrices y desaparecía, olivo arriba, hasta el día siguiente. Sé que sabía que habría una última tarde. Del mismo modo que sé que cantará a cualquiera que allí necesite escucharle, aquí.

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