Catalogos andrea | Mirlos

Durante algunos años, mientras viví en La Inocencia, cada atardecer desde mi terraza oía el canto de un mirlo. Era siempre el mismo. Llegaba del Sur al caer el sol y se posaba en la antena que había justo encima de mi cuarto. Y cantaba. Me cantaba. Sentada entre mis papiros y mis cactus, yo me…